sábado, 21 de junio de 2014

Una visión demasiado carlista e inaceptable de la Historia de España.



Si queremos ver volver a tener un verdadero Rey, una verdadera aristocracia, un reparto familiar de la tierra y de la producción, si queremos volver a estar ligados entre nosotros, los ciudadanos, según lazos indelebles de la sangre, la historia y la solidaridad, es necesario que renunciemos a este siglo. No renunciar según la revolución. No renunciar por la rebeldía violenta. Es hora de quemar el presente en la hoguera del futuro, pero no con escopetas ni ideología. La resurrección de España supone que los que quieran cambiar empiecen a conspirar su propio futuro.

Vivimos en una ciudad que no nos es ajena. Si el capitalismo, el estatalismo, el socialismo de mercado, la oligarquía y la cultura de la muerte es soberana, nosotros indudablemente somos sus súbditos. Es una locura pensar que no somos súbditos de Felipe VI y la democracia. Que no nos guste no significa que no estemos sometidos. Y la única manera de cambiar las cosas es cambiar la sociedad. Han pasado años desde aquella primera guerra carlista. Dos guerras civiles acometieron los fieles al Rey que le correspondía legalmente y legítimamente el trono. El problema es que esos años han pasado, y una familia usurpadora se ha hecho la legítima gobernante de nuestro país. Vendiendo su corona, se ha puesto al servicio de dictadores y políticos. Su derecho de gobierno no está en su mejor momento, pero nosotros como pueblo no estamos tampoco en una época de rosas.

Es indudable que ya somos muy pocos. Es indudable que los enemigos ya no vienen desde fuera, sino que han socavado nuestras casas y han puesto en nuestra contra a nuestros pastores. Por ende, los colegios donde vuestros hijos estudian, sean católicos o no lo sean, les enseñan que el único soberano es el pueblo. La fe se ha convertido en apostasía general. La solidaridad en propiedad egoísta. El buen derecho en tiranía escondida. Por eso llegan tiempos de cambio. En cierta manera porque la sociedad está tan llena de “mierda” que nos ha llegado a nosotros. Ahora no somos los carlistas, los golpistas, los monárquicos... somos el pueblo en su misma situación de decadencia. ¿Pensáis que 175 años de liberalismo no han llegado a vuestras cabezas? ¿Pensáis que citar a San Pío X os va a librar de estar imbuidos en los errores de nuestros compatriotas? Ha llegado el momento del cambio, ha llegado el momento de levantarnos del parlamento.


Es momento de que empecemos a desligarnos de esta España muerta haciendo surgir una nueva España. Una España que ya no puede ser la de los Reyes Católicos, la de Felipe II. Esa España es la que ahora está muerta. Ha durado un tiempo, ha tenido su edad de oro y su decadencia. Ahora es tiempo de otro, es tiempo de reforma. ¿Cómo realizar esa reforma? Creando instituciones nuevas, renunciando a la propiedad egoísta entre nosotros, buscando nuevos aristócratas, fundando comunidades. Si una parte de la ciudad se hace tan nueva que no puede integrarse en el resto de la sociedad, está queda automáticamente erigida como enemigo del régimen anterior. Ahora el carlismo es asumible que exista. Tenemos que ser tan radicales y a su vez tan relevantes que no podamos ser más que perseguidos. No podemos seguir en el sistema como si tal cosa. No podemos ir a los montes tampoco. Hay que hacer de la ciudad nuestro monte. Hay que educar a los hijos conforme a esta nueva situación. Renunciar a los vicios de liberalismo de forma real. Renunciando a la democracia y erigiendo, no un Rey pero sí un líder que pueda ser, si en el futuro recibiera legitimidad desde el Cielo y el Pueblo, coronado Rey. No confiemos en antiguas familias. No confiemos en la democracia y en sus estilos de vida. El cambio requiere ruptura. No revolución pero sí contrarrevolución. Hace tiempo que estamos en guerra. Es hora de que nos demos cuenta de qué batallas nos tocan. El parlamento es suyo, pero nuestras son las vidas que nos ha dado Dios. De ellos depende la coacción. De nosotros depende la radicalidad.

miércoles, 18 de junio de 2014

Proema (III)

Imagínate que soy tuyo. Que nada de lo que me queda y ni mi cuerpo puedo usarlo sin tu permiso. Que mis ojos ya no puedan mirar sin verte en  las pupilas. Imagínate que el mundo se me cierra y quedas tú en medio de las páginas. Imagínate que te pierdo en todo eso. Imagínate que me quedo sin tí después de esto. Que soy un vagabundo, un errabundo sin destino. Imagínatelo. Yo lo hago y me da miedo. Que me poseas es un riesgo. Poseerme es la muerte. Yo te pierdo. Yo me pierdo. ¿Que me quedaría? El abismo del peñasco. 

martes, 17 de junio de 2014

Proema (II)

Me pregunta mi sombra porqué sigo arrastrando esta vida. Yo le contesto que quien lleva esta carne sabe lo que vale la vida. Es que las sombras son sombras, baratijas de luz. Viven en la ignorancia. No saben lo que es la transparencia. Viven racaneando a los cuerpos su ausencia opaca. ¡Qué se calle la sombra! ¡Luz, ilumíname! ¡Soy tuyo! ¡Soy tu esposo querido! ¡Qué la sombra muera! Yo soy inmortal.

lunes, 16 de junio de 2014

Proemas

Lo mío es la noche. No las discotecas. No la farra y las drogas. Eso no. Lo mío es la noche cuando está en silencio y no hay coches en la calle. No la noche del campo, cuando las praderas y el bosque despiertan en sueños. Lo mío es la noche de los barrios residenciales. No la noche de los prostíbulos. A mi me gustan las borracheras solitarias, cuando te llevas el vaso de whisky a la boca y sientes el hielo en los labios y te fumas un “piti”. A mi me gusta mirar por el balcón cuando la calle está vacía. Me gustan los semáforos inútiles de la madrugada. Me gustan los recuerdos oscuros, el fracaso de un tiempo pasado, me gustan las conversaciones dramáticas, me gustan las peleas nocturnas, las broncas purísimas, que tienen violencia elegante. Me gusta el beso cuando estoy en las nubes del whisky. No antes. Me gusta el tú a tú. Me gusta perderme en la tierra, obviar las estrellas.

viernes, 14 de marzo de 2014

La máscara profana

Tríptico de Hieronimus Bosco

El mundo que queda por mirar,
la máscara no lo está mirando.
El dentro puro es lo que mira.
Se mira adentro y ve una muerte muerta
rasgada en la tragedia. No imagina
la cruz sin nombre, una cruz que rompa
en el abrazo ligadura y nudo.
Romper el horizonte con la línea
secante de madera, con un grito,
con tensas lágrimas de madre muerta.

jueves, 13 de marzo de 2014

Los vivos-mediomuertos

Los recuerdos pueden ser más que heridas en el corazón. Pueden ser una puñalada del tiempo.
Recuerdas que los años de la infancia fueron felices, pero... ¿hubo algún terrible momento de miedo que te dejó paralizado? ¿Y ese niño, de 6 años, se quedó allí para siempre, como muerto y vivo? ¿Quedó cristalizado en los recuerdos de un mundo que ya no existe? Y sigues viviendo, con el niño a cuestas, medio vivo, medio muerto. Está tan vivo en los recuerdos que se mueve como quiere por tus ojos, por tu mente. No teme vivir con todo lo que tu le proporcionas. Es un niño voraz de realidad. Está asustado. Está aterrorizado por esa bronca de sus padres, por esos abusos en el colegio, por esa niña que le tiró al suelo. Sí. Tienes un niño que sigue asustado tan dentro de tí, que cuando miras en el presente a las personas, aunque sonrías, se aterroriza y te hace retroceder continuamente hacia un muro de torturas. Continuas la vida cargando con ese niño por dentro, rechazando los recuerdos, cuando lo importante es (perdona que me meta en tu espíritu) que pienses sin miedo en aquel pipiolo. ¿Qué quiere un niño asustado? Que le acaricien, que le den de comer una buena hamburguesa en el McDonalds, que jueguen con él... Y tú sigues ignorando tu inconsciencia. Si quieres, puedes seguir afanado en servir a un mundo que no existe. Pero ese niño está grabado en tus entrañas. Tómalo. Abrázalo. Y entonces... todo... acabará...

miércoles, 5 de marzo de 2014

Suspiro de la noche oscura

Detalle del rostro de Jesús
El Greco
El fuego de este alma está encendido.
Cerilla y mar de luces, fuego cósmico
que alcanza a esta noche y la ilumina.
La noche oscura y el Vívere Sagrado,
que viene en la Paloma de sorpresa.
Hay algo que libera a esta alma
oculta entre sus partes medio rota.
Hay algo, un fragor, un medio-grito,
silencio clamoroso, este milenio
que muerto y enterrado ya no habla.
El fuego de una cruz que está quemando
la existencia. Vorágine absoluta.
Clamores momentáneos en el mundo,
preludio de la eterna carcajada
que viene del futuro, para siempre.



lunes, 30 de septiembre de 2013

Mirada poderosa

Anunciacion
Fra Angelico

Mirada poderosa que derrota
el alma en el suspiro de la noche.
Así miran Tus ojos frente al mundo,
vacío de esperanza por los muertos.

Metidos de cerveza en el Infierno,
las calles se han perdido de basura.

¿Quién limpia el suelo del rastrojo muerto?
¿Quién salva a los ruidos del silencio?
¿Quién pierde la cerveza sin mentiras?
¿Quién muere en la vida los amigos?

Mirada poderosa de la noche,
tu limpias, salvas, pierdes y te mueres
por los borrachos de la fiesta falsa.

Un nuevo día que se acerca cauto
por aquel horizonte sin estrellas
fundando esa luz de tu milenio,
mudando de alegría y de tristeza.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Madre mía


 PINTURA MADRE - NIÑO DE PICASSO


A Elvira Díaz Lorente

Los páramos de siempre y olvidados
son tuyos, madre mía de mis ojos.
La soledad de pájaro sin vuelo,
la muerte, te ha hecho presa sin saberlo.

Pero yo, madre mía, yo te salvo,
cabalgando con las riendas mi silencio.

Que nadie se interponga en mi camino
si corro a tu presencia con mis pasos,
que mato con la espada de mi nombre,
que mato con la espada de mi sueño.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Tu memoria


A Cristina Sánchez Moreno 
y nuestros amores olvidados

Te besaría a tí con todo el alma
si no tuviera veinte de fisura.
¿Memoria, por qué guardas todavía
mis pasos, mis dolores, cuesta arriba?

El velo de los grises más vitales
se rasga en el recuerdo de tu nombre.
¡Recuerdos de tus manos por mi vida!

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Manifiesto de los amigos de paseo


ENCUENTROS-BAR-BARES-AMIGOS-PINTURA-PINTURAS-ERNEST DESCALS-PINTOR
Amigos en café
Ernest Decals

¡Rechazo coberturas de la carne,
coberturas de mi espíritu olvidado!
¿Quién mira al espíritu olvidado?
¿Quién ama la obsesión de un pobre loco?
¿Quién pierde todo hueso por mi nombre?
¿Quién duele en mi dolor toda mi muerte?

Mis monstruos son la espada y el escudo,
amores imposibles en batalla,
los valles de esta muerte dolorida,
mujeres que no aman mis palabras.

¡Os digo la verdad, que es esta pena, 
la pena de un amigo de paseo,
corazón regalado a los cualquiera!

martes, 27 de agosto de 2013

Soy duro, lo sé


Fuente de Duchamps

Yo también soy un maestro de las apariencias. Hace tiempo que renuncié a dar mi verdadera cara a los demás. Hasta hace poco. Por eso, me imagino que odio tanto “el postureo” y el “gafapastismo”, al snobismo y la adicción al decoro y las buenas maneras.

Un ejemplo es el mundo pijo-universitario. El pijo-universitario comienza el día con el “guasap” y termina la noche con el “guasap”. No puede evitar salir de casa sin soltar miradas salvajes a demás chicas de su especie. Intenta ligar o “caer bien” al menos. Se pasea por la universidad buscando fumarse un cigarro con un amigo salvaje que aparece entre los pasillos de la biblioteca. El pijo-universitario finge tener una sonrisa de oreja a oreja, coquetea con todas las chicas del patio y ninguna le echa cuenta. Se para a hablar con cualquiera, ávido de una conversación plastificada. Se echa al tiempo, para que le conduzca a historias interesantes, a nuevas amistades rellenas de crema barata de repostería. “Caigo bien”. Ríen por fuera y se lamentan por dentro.

Algunas personas conocen ya mi pasión por la crítica mordaz  y ácida al “cursi gafapastas”, que nadie le ha dicho que de culto y de sabio no tiene nada. Tiene la pinta de un “gilipollas” que no puede ni con su rostro. Llevarlo encima, digo, llevar encima tanta mentira y patetismo entre las cejas, la barbilla y la nuca. El “gafapastas” vive un mundo de ficciones que no existe. Es una especie de adicto a la vida “chupiguay” del dinero, la televisión, Internet y el activismo político. Lo mismo te defiende el aborto que te lo critica. Es un acérrimo defensor del voto. Es un pésimo representante de la dignidad humana. Lo digo porque habla mucho y hace poco. Eso de la “generosidad” está muy bien. Para el hombre, piensa, pero no para mí. ¿Yo, dar mi dinero, mi tiempo, mi vida... por los demás? Se ríe. Es para verlo. Lleva pulseritas en la muñeca en contra del racismo pero es incapaz de hablar con el negro que pide en el semáforo. “¡Ah no, no tengo dinero, perdona!”, dice.

Soy duro, lo sé. Pero no opinéis tan rápido aquellos que no me conozcáis en esta faceta violenta. En verdad, soy duro conmigo mismo. Yo soy así en parte. Yo soy aquel que se dedica a pasearse por los pasillos, yo soy aquel pedante gafapastas que no puede dejar de quedar como un "culti-capullo". Yo soy el primero que vivo el mundo de la comodidad y me quejo si me ponen ensaladilla rusa en la comida porque la odio. Soy duro, lo sé, pero lo soy conmigo mismo también.

No puedo evitar preguntarme si podemos seguir viviendo entre tanta tontería. Vivimos nuestra vida como si fuera un juguete. Como si pudiera permitirme vivirla en broma, como si fuera eterna aquí en la tierra. Os lo digo muy claro, pues llevo varios días pensando profundamente en esto: la vida se acaba en el momento menos pensado. No es que haya que aprovecharla. Frente a la muerte no vale el dinero, el rendimiento introspectivo o alguna suerte de palabreja de auto-ayuda. La vida ha de ser el reflejo de algo más grande. Muchos empezamos el curso en pocos días. Otros ya estáis en medio del trabajo, la alegría y la mierda diaria. ¿Qué haremos con nuestra vida a partir de mañana? ¡AMAR! ¡QUERER! ¡COMPARTIR! ¡BESAR! ¡CORRER! ¡LLORAR! ¡SUFRIR! ¡Vivir una vida autentica! Que no es vivir con una plenitud emocional parecida a la de los anuncios de colesterol. Hablo de responsabilidad, de amplitud de miras, de cuidar de los amigos, de sacrificio, de holocausto, de fuego, de morir por los demás, de estudiar, de rezar, de adorar a Dios, de compremeterse por nuestro país, por nuestro pueblo. Hablo de renunciar a la piedad pija del católico piadosillo que el domingo va a misa y el lunes se harta de criticar. Hablo de renunciar del mundo, porque no pertenecemos a él los hombres libres, y sacar a todos nuestros amigos de la mierda de un ambiente que se va al carajo. Soy duro, lo sé. 

viernes, 23 de agosto de 2013

Paisajes de tempestad y de agua

La vuelta al colegio
Jesús Sanz

Ver un paisaje lluvioso es una de las experiencias más conmovedoras. Las gotas que caen del cielo regando el cemento o la hierba; el barro ensuciando los zapatos; los pies empapados; el pelo mojado y la cara cubierta de gotas de lluvia. Ver un paisaje lluvioso es sentir la naturaleza en tu cuerpo; andar hasta la desolación y la luz; hundir tus pies en el asfalto y la tierra; caminar hasta donde no hay rumbo, pensando en que será de ese mundo decadente y perdido; cantar bajo la lluvia y que piensen que estás loco; deprimirte por el futuro y amar el presente de manera desconsolada. ¡Tocar! La lluvia y pasear son dos realidades hermanas en la mente de Dios.


A veces puede parecer que ver llover desde casa, tras una ventana, es mejor. Es verdad que es más cómodo, pero no más real ni más bello. La lluvia hay que tocarla con los dedos de los pies y de las manos. Para saber que es la lluvia hay que mojarse. Del mismo modo en que el frío no se mira, sino que se toca; la lluvia hay que resfriarla por dentro. Si miramos el frío, lo que vemos es el hielo, las partículas que dejan de agitarse por falta de energía térmica. Si miramos la lluvia, solo vemos el agua. El invierno y el otoño son contextos que se viven en la piel y no en la retina. Para conocer la esencia de las cosas es necesario acercarse. Para saber qué es un cuchillo, hay que cortar cebolla o acuchillarse. El paisaje lluvioso es lluvioso porque está mojado. El hombre lluvioso es aquel que no corre por miedo a resfriarse. Si corre bajo la lluvia es porque danza al cielo y lo disimula. Si corre bajo la lluvia, ama el agua y quiere más gotas en su rostro.  

Por eso, son los niños los que saben de verdad cual es la naturaleza de la tempestad y del agua. No dudan en ignorar a sus padres para jugar al balón bajo la lluvia y mancharse de barro. La ropa sucia y la fiebre no entran en la risa de un niño bajo la lluvia. Están horas y horas en la orilla de los mares., haciendo diques de arena. Los adultos, que temen la humedad y el silencio, permanecen bajo el techo o en la arena caliente, hasta que el calor o el paraguas les alcanza. Los niños sencillos, que quieren jugar, les da igual resfriarse.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿Qué me enseñó mi abuela?


Mi abuela era una de las mujeres más guapas que he visto en mi vida. La recuerdo como la conocí: una señora con el pelo blanco y rizado, unas mejillas hinchadas de sonrisas y un vientre grande que dio a luz a siete hijos. A plena vista era la transfiguración de una vejez que no es vejez siquiera, pues podían pasar 80 años y el pelo blanco no diría nada en contra de su belleza más oculta. Era la feminidad engendrada. Nada de feminismos machistas ni de mojigaterías. Mi abuela no era tonta sino una mujer de verdad. Mujer de esas que toman la vida “por los cuernos” y se hacen respetar no por el “mal genio” sino por la capacidad que tienen de amar a los demás y de hacer la vida agradable a los que tienen a su alrededor.

La echo de menos a cada segundo que pasa. Y el problema se agrava. Si recuerdo aquellas veces en las que no fui a verla porque estaba aquí sentado, frente al ordenador, no puedo evitar sentirme culpable. Estaba en la casa de al lado. No puedo disfrutar ahora de su presencia, de sus años, de sus enfermedades, de sus ojos y sus manos suaves. Ahora está oculta tras un velo de muerte. Pero no me interpretéis en clave trágica. Todo velo se desvela. Cuando me llegue la hora, no habrá tragedia para mí. Veré a los muertos, pues seré uno de ellos. Y en verdad, estaré más vivo que los que campan por la tierra. Hoy no hablo de la irreversibilidad de la muerte o de la vida eterna.

Mi abuela me enseñó muchísimas cosas. Entre ellas la belleza que tiene no hablar mal de nadie. Decía un sacerdote amigo de la familia que nunca le oyó soltar una crítica a maldad. Pocas personas pueden presumir de eso. Yo no puedo. Sin embargo, lo más valioso me lo enseñó en el ataúd.

A mi abuela la vi muerta. Primero en el hospital, por la mañana, al enterarnos que había fallecido por la madrugada. El día anterior había tenido una parada cardiorespiratoria. Mi hermano y yo habíamos recorrido media España para verla. Y llegamos al garaje cuando sonó el teléfono. “La abuela está en parada...”, dijo mi padre. “¡Ay mi madre, pobrecita... mi madre!”, lloraba su hija. Mi hermano y yo no pudimos evitar echar unas cuantas lágrimas. Y no me da vergüenza decir que yo lloraba como un niño pequeño. No se me olvidará jamás aquel contraste entre los minutos anteriores y aquel preciso instante. Por un momento pensamos que saldría adelante. No fue así. El fiasco de mientras llegábamos al hospital se extendió durante todo aquel día. Mis tíos, mis primos llegaban. Todos a lágrima tendida. Era mi abuela, la santa, la más buena de la familia, la que se estaba muriendo. La que parecía inmortal, aun con los trotes de la vida, estaba muriéndose.

La vi muerta en la cama del hospital al día siguiente y, también, en el tanatorio. Allí estaba: muerta. Antes viva. Ahora no. Puede parecer evidente, pero cuando lo vives no se hace tan lógico. ¿Por qué se muere la gente? No lo sé. Lo único de lo que estoy seguro es que vivimos esta vida con un final. Siempre pensamos en la muerte como algo patrimonio exclusivo de los demás y del hombre en general. ¿Pero morirme yo? ¿Qué hacer con la vida cuando experimentamos que dentro de unos minutos, unos días o unos años estaremos muertos? Esa pregunta me la enseñó mi abuela. En el ataúd. Hoy hace un año y siete meses de su muerte. La echo de menos. Ya no está conmigo. Las tonterías de “está contigo cuidándote”, a mi no me sirven. Estará en el cielo mirándome, pero yo estoy aquí, sin ella.



domingo, 18 de agosto de 2013

¿Era un ángel o un simple mendigo?


Juan es de esas personas que te sorprenden. Tiene un testimonio de fe mucho más fuerte que el mío propio, por ejemplo. Yo lo tengo todo y, un buen día, Dios me ayudó a mejorar (y sigue haciéndolo). Pero a mi alrededor tengo miles de comodidades. Puedo plantearme a Dios como un hobby, y eso es lo que muchas veces hago. Juan, sin embargo, es un hombre que vive en la calle. Un hombre desdentado, que viste ropa sucia, con problemas con la policía a veces... El prototipo de un sin techo que se ha visto envuelto en la dureza de la vida y en los errores que ha cometido con sus seres queridos.

Juan ha pasado por la cárcel y por las drogas. “Me han dejado muy tocao”, dice señalándose la cabeza. Tartamudea un poco, es contestón y algo lento para comprender cualquier cosa. Él lo sabe. Las drogas son un camino del que no se sale sin ningún rasguño. Siempre hay algo que queda, un dolor, un mal recuerdo, un hígado “echo porvo”, un tabique-sin-tabique. Pero cuando conversa con alguien, no cuenta su historia con vergüenza. De hecho, la cuenta sabiendo que él ha hecho muchas cosas mal, pero que también está saliendo adelante. Narra su vida recordando que ya no coquetea con las drogas, que algo de vino si le gusta pero que intenta portarse bien.

Juan es un hombre de la calle y como tal, tiene los “prontos de la calle”. Sus nervios, sus enfados, sus “lloreras” son sus gestos más propios. “El otro día me metió una patá un policía porque estaba durmiendo en er río y le metí un botellaso...”, me contaba a la entrada de un convento. Es una persona muy normal. No crean que les estoy contando la historia de un “santito”. Habitualmente tales “santitos” no lo son tanto. Estoy hablando de un hombre de carne, hueso, pecados y glorias. Un hombre con las mismas tentaciones o peores que cualquiera. Un hombre que durmiendo entre cartones eligió a Dios por encima de su propia vida de sufrimientos y de cárcel.

Llevaba tiempo observándole. Vamos al mismo grupo de oración. A mi me sorprendía muchísimo sus rezos. No hablaba con la típica “beatería” que odio, sobre todo, porque me he criado sin tonterías. Era una oración sentida, poderosa, que gritaba con voz potente una sola cosa: “¡Gloria a Dios!”. Una persona que sufre tanto, que no puede resguardarse del calor sevillano de las cuatro de la tarde; una persona que no tiene más que una maleta con cuatro cosas regaladas; una persona así, ¿cómo puede empezar a rezar proclamando con todo su corazón, con toda su voz, una alabanza a Dios y no una petición? Podría pedirle una casa, un poco de dinero para vivir el día a día, una muerte rápida... pero se seca las lágrimas de los ojos, se pone erguido, aunque tiene un traumatismo en el costado, y grita “¡Gloria a Dios!”.

A mi eso me dejó conmocionado. Yo siempre pidiendo, quejándome, viviendo para mí, esperando que los demás me agraden, me llamen, me quieran... y sin embargo, alguien que lo pasa peor que yo porque lo ha perdido todo por sus errores o por las dificultades de la vida, se levanta y glorifica al Señor, da testimonio de la grandeza de Dios y la fidelidad de su Amor. Con voz potente. Con la seguridad de quien ha visto un milagro. Una fe tan sencilla sobrepasa el histrionismo y la fe superficial de muchos que intentamos ir todos los días a misa por obligación. El pequeño publicano que denuncia sus propios pecados a Dios frente al fariseo que se alaba a sí mismo.


Llevaba varias semanas queriendo hablarle. Y ayer lo hice. En seguida nos interrumpieron. Iban llegando conocidos al convento. Sin embargo, los 2 o 3 minutos me enseñaron una gran lección de vida. Vi con claridad la fuerza de ayudar a los pobres y a los que sufren. No desde la condescendencia. Dios puede compadecerse, pero ¿yo puedo? Si soy tan miserable como cualquiera. Cuidar a los pobres de igual a igual, porque en lo material o cultural seremos distintos (incluso mejores), pero en el espíritu, que es lo que importa, algunos nos dan tres mil vueltas.  

martes, 16 de julio de 2013

Poética existencial

Escribir es siempre
una protesta contra alguien
que no quiere ni escucharte
cuando estas mas solo que la una.

Publicar es una terapia de grupo
de los que no encuentran su lugar
porque nadie los acepta.

Publicar es como exponer la mierda,
simplemente porque es la propia mierda,
simplemente porque es tan malo
pero tan tuyo, que da igual.

Escribir es pedirte un poco de atención,
es un ramo de rosas que solo veo yo.
Publicar es regalarte mi visión
con un beso que no toca
ni la mejilla ni los labios.
Publicar es un beso amargo,
es un grito, el grito de Munch,
el aviso de suicidio
sino existiera Dios por medio
que sujeta haciendo trampas
la horca y la hoguera y la pistola.


domingo, 14 de julio de 2013

Profeta


Mi vida ya no es mía,
ni de los dientes italianos,
ni del suelo mojado por la lluvia,
ni de mi propia angustia...

Ahora soy enteramente tuyo
y del resto de hombres y mujeres
por tu propiedad mundana de mi vida.

Ahora mi silencio es tu silencio,
mi llanto es tu llanto flagelado,
mi andar es tu camino recorrido
por las praderas de tu nombre.

Soy ahora tu poeta y campesino,
tu labrador ensimismado
tu lanza que conquista

Y por los siglos te serviré a ti, Señor,
sin que mis enemigos puedan herirte,
porque a tu coraza de milenios 
no pueden humillarme.

Soy un rey con un ejército de vivos,
soy un rey de ángeles coronado,
soy el rey de tus amores,
el que coronará a los gentiles tu Presencia.

Y no soy el único rey.
Muchos irán conmigo para verte.
Serán más grandes que yo.
Así mi vida terminará en un suspiro,
de pellejos morirá mi cuerpo tuyo,
y aún así venceré sobre mi muerte,
en el triunfo de tu Pueblo para siempre.

viernes, 12 de julio de 2013

Hay cerdos en Pamplona...

Los casos de abusos sexuales en las Fiestas de San Fermín están en boca ahora de todo el mundo. Mujeres que en los hombros de algún amigo (o novio) se ven asaltadas por una marabunta de animales con forma humana tocando lo que no es muy recomendable tocar, al menos, en público. No voy a entrar en la polémica sobre si fue un acto voluntario o no de las mujeres. A mi, aunque parezca menos importante para muchos, lo que me preocupa es el buen nombre de San Fermín.

Fermín de Amiens fue un mártir que perdió su cabeza (literalmente) por predicar a Dios a muchos hombres. ¿Y dedicamos su fiesta a la asquerosa bacanal? Los hombres bebiendo como cosacos, sin la medida de una borrachera santa, propia de católicos. Los hombres bebiendo para invitar a las mujeres a ser tocadas, a ser vejadas, a ser sacrificadas a San Fermín. San Fermín, un santo católico que rechazó el paganismo, ahora se ve como el centro de una fiesta pagana más en la piel de toro. Y habrá todavía gente que se dedica a rezar en las iglesias a San Fermín en este tiempo tan oscuro. En ellos está la esperanza de Pamplona.


Y no digo que en los sanfermines no haya que beber, no haya que bailar y no haya que correr delante del bravo toro. No digo que no haya que pasarse un pueblo o dos. Lo que digo es que entre una fiesta un poco desmadrada, y el desmadre de mujeres en bolas hay mucho. Y seguro que a Dios no le gusta mucho todo este royo de pornografía pública. Seguro que perdona continuamente pero nos mira con mucha pena, viendo como profanamos el nombre de un Santo, el nombre de uno que murió con Él y compartió con Él la cruz bendita.

domingo, 23 de junio de 2013

Una confesión en prosa poética (I)

¿Creéis en Dios? Escuchadle. Está en los arroyos de excrementos en las ciudades, en los bajos fondos, donde los niños comercian con la droga de sus padres, en la mente de los locos, de los depresivos, de los ansiosos y los enfermos. Allí está Dios. Hay quienes piensan que esta es la demostración por la cual Dios no existe. Esos son los que no han mirado cara a cara al dolor. Les ha apuñalado, les ha arrebatado un ser querido... pero no lo han mirado cara a cara. Cuando miras al dolor cara a cara, al Mal, ves en sus pupilas, en el fondo negro sobre fondo negro un pequeño resplandor. No es físico. No soy tonto. Se que el dolor no tiene un rostro material. Me refiero a esos ojos que se muestran cuando la carga del dolor es tan insoportable que queda solo la muerte o un milagro. Pocos a pasado por ahí. Cuando te encuentras con ese rostro de mala muerte, con Satanás en persona, con tu propia miseria y los gusanos comiéndote el estómago y la cabeza... solo ahí puedes ver el resplandor del que te hablo. Yo lo vi una vez. La pupila era negra, negra, negra. Es negra todavía a ratos. Pero había un resplandor. Ese brillo refulgente era Dios. Y no magia. Y no un milagro. Mi milagro. Dios en la mierda de los hombres, la última salida antes de caer por una autopista que no está terminada.  

domingo, 16 de junio de 2013

Diamante

La mano de Dios
Auguste René Rodin
Un diamante, si es diamante,
antes de serlo no puede parecerlo.

Un diamante, como tú,
no es diamante primero,
pues las cosas que empiezan bellas
terminan al horror de la vejez.

Un diamante, como tú,
es carbón por fuera,
negro y de tierra,
regalo roto de los reyes.
Ni carbón dulce,
ni carbón de barbacoa.
Carbón oculto los milenios.

Un diamante, como tú,
es primero oculto,
engendro de la tierra.

Un diamante
no es diamante primero,
es el bostezo del tiempo
del siglo a siglo, del año a año,

del todo a su justo momento.