miércoles, 27 de marzo de 2013

Un secreto



Kandinski y la Armonía del Silencio

¿Te cuento un secreto?
¡Pero prométeme
que no lo contarás
ni a nadie!
¡Qué es muy importante
y si lo saben
podrían reírse de mí!
Aunque la verdad...
¡me importa un comino!

¿Te lo cuento?
Es que es muy fuerte...
No se si decírtelo.
Tiene que ver contigo.

Mejor...
...me callo.
Ya te lo contaré otro día.
Así me guardo el suspense,
que si no te aburres conmigo,
que seguro que crees luego
que no tengo nada interesante
que contarte.


viernes, 22 de marzo de 2013

A la espera

Alegoría de la esperanza
Brüssel Tapisserie
Me espera el viaje por la noche
con los recuerdos de un amor
en las manos escapado.

Me espera el viaje hacia mi casa,
la de todas las cosas mías,
la de todos mis recuerdos 
de niño y hermano e hijo.

Me espera alejarme de la chica
de los sueños no gestados 
todavía.

Me esperas tú, y él, y Él,
y todos los demás junto a la silla.

Me esperan los milenios
ya muertos y venidos.

Me espera la Gran Noche,
y las 3 de la tarde en los eternos.

jueves, 21 de marzo de 2013

No eres el tema del poema



Éxtasis de Santa Teresa
Bernini
No te conozco demasiado
y ya estoy harto de vivir sin tí
Y vivo sin vivir en tí
y no muero porque si no
mi madre me mata. 

Aún así, 
me duelen tus parpados
tus rubios y tus dedos,
porque no los he tocado
y no los he besado.

Y vivo sin vivir en mí,
porque no te veo
con los ojos que Dios te mira,
con los párpados que hieren
la existencia de tu aliento.

Y vivo sin vivir en tí,
ni en mí, ni en Él,
porque los silencios
(prolongados al compás de tu rostro pequeño)
no suenan de milenios.

martes, 12 de marzo de 2013

Bendita la bebida que alegra el corazón del hombre (Sal 104, 15)



El alcohol hay que disfrutarlo. Una copa de vino, una cerveza o un Gin-Tonic puede contribuir a la mejora de nuestra vida, a alegrarnos el corazón. Sin embargo, parece que este bien no importa, pues cierta moral nos dice que el alcohol es malo. La experiencia parece decirnos que lo digno de elogio es el estar enteramente sobrio. Nos bombardean en los telediarios con que el alcohol es una bebida malvada. En Inglaterra, las tasas sobre el alcohol se llaman las “tasas sobre el pecado”. Y nosotros, que se supone que somos más liberales, lo pensamos así también. Hemos sido educados en la moralidad más rígida posible. El puritanismo laico, en su necesidad de inventar pecados sociales, ha demonizado el alcohol. Eso ha influido mucho en nuestra generación y, sobre todo, en aquellos que vivimos en ambientes cristianos.

Parece que no es así en ciertos ambientes como la Universidad de Navarra, porque sus estudiantes van a emborracharse cuando salen de fiesta los fines de semana. Los “buenos chicos” de la universidad piensan que la sobriedad es aburrida y, además, piensan que beber bien es tomarse una “copita de vino”. Desconocen el don de la ebriedad del que hablaba Claudio Rodríguez, y desde luego no han leído ni una página de Chesterton. Cuando empiezan a beber un poco más de la cuenta y se notan flotar sobre la pista de baile de Marengo, se sienten fracasados. Beben porque la vida no da para mucho más. “Somos malos, somos pecadores, no podemos cumplir lo perfecto de nuestras asfixiantes normas morales”. El alcohol, que es lo más sano del mundo, en sus borracheras voluntarias se ha convertido en el pozo de muchos jóvenes.

Creo que el botellón tiene mucho de eso: de perfeccionismo moral. Si para tí portarse bien solo es posible en casa, al lado de mamá, junto a tu esposa o novia, bebiendo Coca-Cola Light, cuando toca divertirse no sabes hacerlo. El bien parece aburrido y doloroso. Además, nos creemos que cualquier mal nos hace malvados por entero y, si eso es así, ¿qué nos impide tirar nuestra vida por la borda, si lo único que nos interesa, a muchos de los jóvenes de hoy, es ser personas impecables? Así, el botellón es una especie de contra-terapia de grupo, una especie de huida de la moral que nos asfixia. El alcohol es malo, pero como mi vida es una mierda, me emborracho. ¡Cómo si salir de fiesta fuera malo y beber vino fuera aún peor?

¿Imagináis a los monjes medievales, que preparaban los jugosos licores y bebidas alcohólicas que hoy disfrutamos, como pervertidos traficantes del vicio? El alcohol, en la mayoría de sus modalidades, está para disfrutarlo, para que a veces nos pasemos de la raya. Los medievales ya lo decían: hay que beber “usque ad hilaritatem” (hasta la hilaridad). Es cierto que mejor no llegar al punto del “usque ad cogorcitatem”, es decir, “hasta revolcarse por el suelo sobre un charco de vino” pero, si pasa, ¡no hay que desesperarse! ¿Vamos a vivir resentidos por una cogorza escandalosa?

Beber despreocupadamente es uno de los grandes retos que tiene la juventud moderna: beber sin pensar que su vida no tiene sentido, beber sin ocultar sus inseguridades en una discoteca, beber sin silencios interiores que les abrase. Beber, sobre todo, al estilo de las tabernas británicas: bailando, brindando y cantando.

Muchos, después de leer esto, dirán que soy un progresista o un liberal. Espero que no sea así, pues mantengo todo esto desde la doctrina cristiana. Más bien, si acaso, seré un hereje. 

viernes, 8 de febrero de 2013

Apuntes teológicos para gente normal

Fresco que representa la celebración de la
Eucaristía por parte de los primeros cristianos.

El amor divino es impresionante. Dios, al que le corresponde su existencia perfecta por derecho propio, el que no necesita más que de sí mismo, el que no necesita más que de su Trinidad para sentirse acompañado, es capaz de darlo todo por las criaturas. ¿Quién llamó a Dios a meterse en el lío de crear a las criaturas libres? Les digo el porqué: porque le dió la gana de que pudiéramos ser felices. Cuando un hombre tiene todo lo que necesita, se pone a descansar. Dios, sin embargo, se puso a trabajar desde el primer momento. No necesita crearnos (o fastidiarnos) para divertirse o para pasar su eternidad entretenido. Nuestra felicidad es la razón de su acto creador. Que yo, con mis defectos y mis virtudes, me salve, es lo único que le preocupa.

Muchas veces hemos pensado que Dios es una especie de juez combativo del mal, que cuando cometemos un pecado, mira con ojos de cólera. Eso es falso. Tampoco mira mejor a un hombre bueno por el hecho de ser "buenecito". Si por eso fuera, a Dios le importaría un bledo el Universo. ¿Qué gana Él con la bondad de un hombre? Si prefiere la virtud de un hombre antes que su defecto es por la felicidad del tío en cuestión. Una pareja no ha de vivir el sexo después del matrimonio porque ese bien se disfruta mejor dentro de un contexto sacramental y no por leyes absurdas. Lo interesante del bien no es hacer esto o lo otro, sino más bien que, en la medida de nuestra llamada, de nuestro contexto, digamos sí a Dios y por lo tanto, digamos sí a la propia felicidad que está en Él. Tomándote una gordal, una copa de vino, estudiando, siendo monje, sacerdote o político, madre de tres hijos, rehabilitado de la drogadicción, pobre, mendigo o médico, se puede ser grato a los ojos de Dios.

Un ejemplo es el de la Virgen María, que siendo una mujer humilde de Nazaret, haciendo de buena madre de un hombre, que resultó ser Dios, ganó la condición de Reina de todo lo Creado. No le importa a Dios que lo que hagas sea más grande o menos grande. Ante Dios todos los hombres son iguales en sus condiciones monetarias, políticas o sociales. Solo importa la capacidad de hacer con tu vida un gran sí. Porque a Dios le interesan poco las grandes empresas humanas. De cada cosa pequeña puede sacar la evangelización del mundo entero. De cada vida humilde puede sacar la riqueza de los pobres. De cada silencio puede sacarte una sonrisa.

miércoles, 2 de enero de 2013

¿Qué es Ginkgo Biloba?

Ginkgo Biloba es el nombre de la única especie árborea
que sobrevivió a la catástrofe de los dinosaurios.

Nada más que un grupo de estudiantes comprometidos en sacar el máximo partido a la enseñanza universitaria. El cómo hacerlo es difícil en una institución (no me refiero a ninguna en concreto) que ha relegado la Sabiduría al ámbito de lo accesorio y que se ha unido al mundo moderno en su adoración por la técnica y la ciencia como motores del progreso social. Estos estudiantes, que no son muchos y que conviven en un ambiente hostil, intentan formarse en un humanismo nuevo, que tenga en cuenta al hombre como centro de la vida. El triunfo, el dinero, las expectativas ideológicas... son cosa secundaria. Estos jóvenes pretenden una nueva mirada al mundo, al hombre, al prójimo. Su mirada es intelectual, pero no busca solamente profundizar en el ámbito teórico, que es fundamental, sino que también posee una gran responsabilidad social en su corazón por medio de una llamada a servir a sus compañeros para que entren en el mundo concreto con un renovado optimismo.

Estos jóvenes comparten algunos intereses en común. En particular, muchos de ellos estudian Filosofía, Derecho o Historia, lo que les identifica como alumnos de la rama humanística del saber. Ya de suyo, viven al margen de la técnica, buscan la buena vida, el saber sobre cuestiones importantes de la existencia del hombre en este mundo. Cuando Sócrates o Platón empezaron su filosofar, buscaban eso, encontrar la verdadera felicidad del ser humano. Sobre todo porque, al ser perspicaces, se dieron cuenta que las satisfacciones particulares tales como comer todos los días, tener un hogar en donde descansar, ganar dinero o tener éxito no eran suficientes para sentirse plenos. La vida del hombre es compleja y la búsqueda de su bien supremo es también difícil, no es evidente de manera tan sencilla.

Así, estos jóvenes buscan en primer lugar la felicidad para su propia vida, la esperanza en un mundo con mayores promesas que las que ofrece la técnica; en segundo lugar transmitir esa esperanza a sus compañeros, pues una vida verdaderamente humana es un bien que habría de ser disfrutado por todos; y en tercer lugar, ayudar a la sociedad en su conjunto, en la manera de lo posible, para que los pueblos encuentren un desarrollo verdaderamente humano. Las maneras son múltiples. Algunos se interesarán más por la Antropología, otros por el Derecho, otros por la Metafísica o por la Economía, pero en cualquier caso, conspiran entre ellos para un mundo mejor. Conspiraciones así si que cambian el mundo.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Me faltan las mayúsculas

El cristal de mi destino
me ha ocultado el final
de nuestra aventura juntos.

Nadie sabe quien eres
¡ese será el problema!
Nadie sabe el final
porque yo no lo he contado.

¿Como lo contaré, amor?
Mis palabras de nada sirven,
son un misterio de los malos.
Omito mi mayúsculas por eso.