domingo, 23 de junio de 2013

Una confesión en prosa poética (I)

¿Creéis en Dios? Escuchadle. Está en los arroyos de excrementos en las ciudades, en los bajos fondos, donde los niños comercian con la droga de sus padres, en la mente de los locos, de los depresivos, de los ansiosos y los enfermos. Allí está Dios. Hay quienes piensan que esta es la demostración por la cual Dios no existe. Esos son los que no han mirado cara a cara al dolor. Les ha apuñalado, les ha arrebatado un ser querido... pero no lo han mirado cara a cara. Cuando miras al dolor cara a cara, al Mal, ves en sus pupilas, en el fondo negro sobre fondo negro un pequeño resplandor. No es físico. No soy tonto. Se que el dolor no tiene un rostro material. Me refiero a esos ojos que se muestran cuando la carga del dolor es tan insoportable que queda solo la muerte o un milagro. Pocos a pasado por ahí. Cuando te encuentras con ese rostro de mala muerte, con Satanás en persona, con tu propia miseria y los gusanos comiéndote el estómago y la cabeza... solo ahí puedes ver el resplandor del que te hablo. Yo lo vi una vez. La pupila era negra, negra, negra. Es negra todavía a ratos. Pero había un resplandor. Ese brillo refulgente era Dios. Y no magia. Y no un milagro. Mi milagro. Dios en la mierda de los hombres, la última salida antes de caer por una autopista que no está terminada.  

domingo, 16 de junio de 2013

Diamante

La mano de Dios
Auguste René Rodin
Un diamante, si es diamante,
antes de serlo no puede parecerlo.

Un diamante, como tú,
no es diamante primero,
pues las cosas que empiezan bellas
terminan al horror de la vejez.

Un diamante, como tú,
es carbón por fuera,
negro y de tierra,
regalo roto de los reyes.
Ni carbón dulce,
ni carbón de barbacoa.
Carbón oculto los milenios.

Un diamante, como tú,
es primero oculto,
engendro de la tierra.

Un diamante
no es diamante primero,
es el bostezo del tiempo
del siglo a siglo, del año a año,

del todo a su justo momento.

miércoles, 3 de abril de 2013

Es culpa de los ojos con los que te miro



Detalle de Renoir
Dedicado a la musa de mis poemas, ZENOBIA CAMPUBRÍ, la esposa de otro hombre (si viviera ahora...) de un hombre tan grande, don JUAN RAMÓN JIMENEZ, que me ha levantado las horas sin-sueño y sin-estudio...


Nunca veré nuestra consciencia pura, 
ni el interior clavado de silencio,
ni el verbo que fraguaron los milenios.

Tu siempre vida oculta
pasará ante mí inadvertida.
¿Cuáles son los ojos
con los que Dios te mira?

No veo más que tus cabellos
o la comisura de tus labios.
No veo más que tú sin serlo,
especie de externo camuflado,
nombre irreverente del misterio.

lunes, 1 de abril de 2013

¡Toda la verdad y nada más que la verdad!


Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mt 6, 1-4)


Desde la Universidad de Navarra se está dando mucho bombo a algo que empezamos 4 amigos para ayudar a un pobre hombre. Vimos una nota en la que “Antonio”, un padre de familia, tenía graves dificultades para seguir pagando su casa. Dos años en paro, 6 meses de retraso en el alquiler... No sigo porque sino más de uno se pone a llorar. Necesitaban 4000€ para poder seguir luchando un mes más. Y nosotros, que teníamos poco dinero y muchas ganas de ayudar, nos pusimos en contacto con él, vimos que la historia era cierta y empezamos a mendigar en su nombre por todo el campus universitario.


La gente ahora, aunque estoy de vacaciones y me he alejado un poco de todo ese barullo, estará ¡¡superemocionada!!. Más de un chica dirá que somos “muy monos” y alguna se habrá enamorado de mí (por supuesto, la que yo quiero que se enamore de mí seguro que no lo habrá hecho). Y la gente estará deseando de darme cuatro palmaditas en la espalda y todo será supergenial.

Lo siento, pero todo eso me da muchísima pereza...

Sí, he colaborado (menos que mis compañeros) en que un hombre no sea desalojado con toda su familia de su casa. Pero, dejemos las cosas claras, esto ha sido un ataque de sentimentalismo estudiantil. Lo dice uno de los dos cerebros de esta trama. No es crítica, sino autocrítica. Este sentimentalismo estudiantil puede ayudar (o empeorar) la situación. En cualquier caso, hay que tener puesta la mirada en aquellos que se dedican cada día a esa labor social de ayuda. Hay que tener puesta la mirada en Caritas, en ONGs... Nosotros, aunque hemos ayudado, hemos sido más adolescentes que otra cosa. Por eso, me niego a recibir una palmadita en la espalda más.

HEMOS HECHO ALGO BUENO, PERO QUILLO... ¡RELAJA EL PAQUETE!

Además, son cada uno de los estudiantes de la Universidad de Navarra los que han hecho posible esta ayuda. Euro a euro, la esperanza de Antonio y su familia ha sido posible. Hemos ayudado a un amigo, como cada día vosotros ayudáis a vuestros amigos.

domingo, 31 de marzo de 2013

Feliz Pascua de Resurrección



Detalle del Juicio Final (Capilla Sixtina)
Miguel Ángel Buonarroti

Has resucitado por encima de los muertos,
y seguro que se han enamorado 
de tanta Luz los que no viven.
Los sacaste para siempre de sus muertes,
despertaste los silencios ya sellados.
Clavaste de futuro nuestros templos,
fundaste "vuestro" Reino para siempre.

***

Y sin embargo,
entre tanto don que nos has dado,
No veo ni la sombra de vuestros Rostros.
Como Moises, no he visto más que la espalda 
de los tres Nombres Sagrados.
Lo que no eres, Señor,
lo que yo peco,
lo que yo odio,
lo que Tú nunca eres, Señor.

***

Y quemaste nuestros campos de malicias,
los sembraste de nuevo con las malvas
grabadas con tus nombres revelados.
Desde hoy comemos pétalos de rosas,
nos bañamos con tus aguas limpias,
y amamos a los hombres y mujeres que queremos.

¡Somos libres, Señor!

***

¡Pero yo no lo veo!
Veo la destrucción de tu tierra ya salvada.
Como queman con la diplomacia tus honores,
como las chicas me rechazan como a un tonto,
como yo, el supremo ignorante de las cosas sagradas,
me desespero por un grano de arena malformado.

***

Y destruiste los males de su rostro,
los cuernos los cortaste con tus llagas,
sometiste a los demonios al Infierno,
heriste las miserias hacia el siempre.


***

¡Pero yo no lo veo, Señor!
¡Pero yo no lo veo, Señor!

sábado, 30 de marzo de 2013

Quedaba poca harina pero no les faltó pan

El Santo Cura de Ars

Quedaba poca harina para dar pan a todas las huérfanas. Las hermanas estaban como locas, de un lado para otro. ¿Qué haremos?, se decían para sí. La casa “La Providencia”, nacida para las pobres mujeres desamparadas de Ars y los alrededores, ya no podía dispensar esa labor de caridad tan básica: “Dar de comer al hambriento”. Las monjas no sabían que hacer. En la cocina parecía decidirse el destino de todos los siglos. “¡Iremos a preguntarle que hacer a don Juan!”, gritó una novicia.

Don Juan era muy querido en ese pueblo y en toda Francia. Era curioso porque, sin ser un hombre especialmente letrado, su vida de dedicación y de oración en un pueblo de pecadores como era Ars había cautivado a toda la sociedad francesa. Nadie quedaba indiferente ante sus catequesis, ante sus confesiones, ante sus 4 horas de sueño diarias. Nadie sabría, mejor que él, resolver el problema que tenían entre manos. Él había fundado aquella casa. Él sabrá que hacer, pensó la novicia.

Y llegó. Era muy delgado. Sus pómulos, hundidos hasta los huesos, estaban dibujados de la sonrisa con la que se sonríen todas las cosas bellas. Las miró y dijo: “Amasad los panes que podáis con la harina que tenéis y ya veremos lo que hacemos”. Ellas se quedaron calladas y algo decepcionadas. Querían algo más que esa simple respuesta.

Pero se pusieron a ello. Amasaron y amasaron y... ¡amasaron! La poca harina que quedaba daba de sí, de ella sacaban un pan y otro y ¡otro! ¡Era un milagro! ¡10 grandes panes de 20 libras cada uno! Se reían sorprendidas. ¡Un milagro! “¡Avisad a don Juan!”, gritaron. Él vino corriendo, se paró, miró con esa mirada profunda de párroco durante algunos segundos a las hermanas... y dijo: “El buen Dios es muy bueno. Cuida de sus pobres”. 

viernes, 29 de marzo de 2013

Apostillar para creer

La Santísima Trinidad
Andrei Rubliev

¿Quién es Dios? Y no me vengas a recitarme el Credo ni a enumerarme cuatro hechos. ¿Por qué te fías del Evangelio? ¿Por su autor o por su Auctor? Pero ¿quién es Dios? ¿quién es ese al que le rezas todos los días, al que le pides que la vida te vaya bien, que tu novio o novia te quiera, que tus hijos sean buenos?

Si alguien tiene la Respuesta que me la diga. A esa persona le daré todos mis bienes (que son pocos), le daré mi vida si quiere. Porque hablamos mucho de Cristo, del Padre y del Espíritu Santo y nadie sabe quién es ese que se clavó en el madero por nosotros.